En mis sesiones siempre explico que las cosas se pueden decir de mil manera. A veces podemos pensar que da igual la forma en la que digamos algo, que el otro lo va a sentir igual, pero no es así. Dependiendo de como digamos las cosas, la otra persona puede sentir cosas muy diferentes.

Y siempre lo explico dela misma forma: «Imaginate que cuando tu eres niño, tus padres un día te dicen que los reyes magos no hacen tus regalos, sino ellos. ¿Cómo te sentirias? ¿Triste? ¿Decepcionado?
Sin embargo imagina que te cuentan esta historia:
Cuando el niño Jesús nació, tres Reyes que venían de Oriente, guiados por una gran estrella, se acercaron al Portal para adorarlo. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo: «¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían».
«¡Oh, sí! -exclamó Gaspar -. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo». Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó: «Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito… »
Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo.
Y el niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió, y la voz de Dios se escuchó en el Portal: «Sois muy buenos, queridos Reyes, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?» «¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes-. Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero no podemos tener tantos pajes, no existen tantos». «No os preocupéis por eso -dijo Dios-. Yo so voy a dar, no uno, sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo». «¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible?», dijeron a la vez los tres Reyes con cara de sorpresa y admiración.
«Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer mucho a los niños y conocer muy bien sus deseos?», preguntó Dios. «Sí, claro, eso es fundamental», asistieron los tres Reyes. «Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?»
Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír: «Puesto que así lo habéis querido y para que, en nombre de los tres Reyes de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, yo ordeno que, en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte, regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y, a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y, alrededor del belén, recordarán que, gracias a los tres Reyes Magos todos son más felices».»

¿Cómo te sientes despues de leer esta historia? ¿A qué no te sientes igual que antes? A eso me refiero con que las cosas se pueden decir de mil maneras.
Hagamos las cosas con cariño y amor.
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